Los paisajes y ecosistemas de las campiñas y páramos de la cuenca del río Duero han sido conformados por el secular aprovechamiento agrícola y ganadero, que se inicia en tiempos prerromanos de los pueblos vacceos y vetones, aproximadamente en torno a los años 500-400 A.C., sustituyendo los grandes bosques de llanura, dominados por encinas, quejigos, robles, pinos, fresnos y olmos, por paisajes abiertos dominados por vegetación herbácea, pastizales para el ganado doméstico y, cultivos de cereales y leguminosas para su aprovechamiento agrícola.
Estos paisajes originados por la actividad humana (paisajes culturales) y las condiciones climatológicas reinantes (inviernos fríos, veranos calurosos y precipitaciones no muy abundantes e irregulares), albergan una singular y variada comunidad biológica, entre las que destacan el conjunto de las denominadas aves esteparias.
Las aves de las estepas ibéricas
Constituyen un conjunto de especies extraordinariamente original en el contexto europeo, reflejo de la propia originalidad de los hábitats que ocupan: medios abiertos, áridos o semiáridos, de amplios horizontes, con escasez de arbolado y dominados por comunidades herbáceas o matorrales ralos. Estos medios han estado presentes de forma natural en la península ibérica desde hace milenios, pero es indudable que la actividad agraria y ganadera ha modelado el paisaje de amplias extensiones de territorio, extendiendo ampliamente estos espacios abiertos mediante la transformación o eliminación de los bosques mediterráneos originales, incrementando por tanto el hábitat potencial para las aves esteparias. Por tanto, esta agricultura de secano, de cereales y leguminosas, junto con la ganadería en extensivo, especialmente de ovejas, han sido los principales generadores de estos singulares ecosistemas y paisajes de gran valor ambiental, denominados técnicamente pseudoestepas agroganaderas, en contraposición a las estepas euroasiáticas genuinas o climácicas.
En el contexto europeo, estos medios y aves se localizan fundamentalmente en la península ibérica, con enclaves menores en países del sur y centro de Europa, junto a los presentes en las grandes estepas euroasiáticas presentes en el este de Europa.
Estas llanuras del Duero albergan algunas de las principales poblaciones a escala europea o incluso mundial de este grupo de aves, como avutardas, sisones, gangas ibéricas, gangas ortegas, aguiluchos cenizos, aguiluchos pálidos, cernícalos primilla, alcaravanes, alondras ricotí, calandrias, terreras comunes, cogujadas comunes y montesinas, bisbitas campestres, codornices o perdices rojas.
La mayor parte de estas especies encuentran un hábitat óptimo en las llanuras dominadas por cultivos de cereales de secano, en las que se alternan de forma importante parcelas dispersas de barbecho, especialmente vegetados y de larga duración, eriales, leguminosas y pastizales.
Las aves esteparias, uno de los grupos faunísticos más amenazados de Europa
Esta alianza entre actividad agroganadera y aves esteparias se ha mantenido al menos hasta mediados del siglo XX, debilitándose debido a su intensificación y los grandes cambios asociados (fuerte intensificación en los suelos más productivos, abandono y forestación en los más pobres y marginales; gran reducción de la ganadería extensiva y fuerte incremento de la ganadería intensiva), han comprometido esta favorable convivencia. A esto se suman distintas actividades transformadoras del paisaje, como la urbanización de parte del territorio y el desarrollo poco respetuoso con el paisaje estepario y sus habitantes de infraestructuras de transporte y energéticas. Todo ello está provocando un constante declive de sus poblaciones, el más acusado para el conjunto de aves europeas en las últimas décadas, encontrándose actualmente algunas de ellas en situación crítica.
Algunos de los representantes más genuinos de este grupo son:
- Avutarda euroasiática (Otis tarda): la más voluminosa de las aves europeas y una de las aves voladoras más pesadas que se conocen, que se desplaza habitualmente caminando y agrupada.
Su plumaje está dominado por tonos pardos y dorados, con barreado oscuro en el dorso y parte superior de las alas, cabeza y el cuello de color gris y pardo rojizo en su base, con plumaje blanco en zonas ventrales y parte inferior de las alas.
Durante el cortejo, en los meses de marzo y abril, estas aves se concentran en específicos del territorio denominadas “lek”, donde los grandes machos se exhiben y desarrollan sus espectaculares paradas nupciales denominadas “ruedas”.
Las llanuras de la cuenca del Duero albergan las principales poblaciones a mundiales de la especie, con más de 15.000 individuos censados en 2019.
- Sisón (Tetrax tetrax): pariente de menor tamaño de la avutarda, siendo también una especie gregaria y de hábitos terrestres. Presenta un plumaje críptico, dominado por colores pardos que, en el caso de los machos, cambia llamativamente durante el periodo reproductor, al adquirir una intensa coloración negra en el cuello, con un llamativo collar en V y banda de color blanco.
Durante el cortejo, en los meses de abril y mayo, los machos emiten su peculiar canto y se exhiben desde puntos concretos del territorio.
Esta especie ha pasado en las últimas décadas de ser considerada un ave común, a estar actualmente catalogada “En Peligro de Extinción”, con un descenso poblacional en la cuenca del Duero superior al 90% desde finales del siglo XX, estimándose en la actualidad una población inferior a los 1.000 machos reproductores.
- Ganga ortega (Pterocles orientalis) y ganga ibérica (Pterocles alchata): son dos joyas de la avifauna española. Son aves propias de estepas y zonas semidesérticas de África y Asia, que están representadas en Europa, por dos especies, presentes en algunas de las zonas agrícolas y ganaderas extensivas de secano de Iberia y el sureste de Francia.
Son aves de hábitos terrestres, compactas, corpulentas y de colores miméticos, dominados en general por los grises, pardos y dorados, aunque si nos fijamos en los detalles, la variedad cromática es mucho mayor y llamativa. Tienen un tamaño similar al de una paloma, con alas afiladas y vuelo rápido y potente. Aunque ambas especies tienen un aspecto similar, son inconfundibles, tanto por su tamaño, mayor en el caso de la ganga ortega, como por el color de sus zonas ventrales, negro en la ganga ortega y blanco en la ganga ibérica, como por sus característicos reclamos, un cálido arrullo (churrr, churrr, …) en la ganga ortega y un áspero graznido (gaaa…, gaaa… y kataa…, kata…) en la ganga ibérica.
Una de las características más llamativas de su biología es su adaptación para reproducirse durante el verano en entornos áridos o semiáridos. Los adultos son capaces de transportar agua a sus pollos desde sus bebederos hasta los nidos, en muchas ocasiones a numerosos kilómetros de distancia, gracias a la capacidad de las plumas del pecho para retener el líquido tras sumergirlas, bebiendo los pollos directamente de ellas.
Ambas especies van desapareciendo de las campiñas y páramos del Duero, donde se estima que sobreviven menos de 1.000 gangas ortegas y 200 gangas ibéricas.
- Aguilucho cenizo (Circus pygargus): rapaz de mediano tamaño y formas esbeltas, con alas largas, estrechas y relativamente puntiagudas, cola muy larga y tarsos de gran longitud, que sobrevuela con aparente gracilidad y, mecida por el viento, los grandes herbazales, matorrales de porte medio y, especialmente los cultivos de cereal donde instala sus nidos.
El macho adulto típico es de color gris ceniza en el dorso, con las zonas ventrales ligeramente más claras, y una serie de manchas negras en las alas y de color castaño en los flancos. Las hembras son de tonos parduzcos y ocres, con abundante rayado pardo-rojizo.
Es una rapaz migradora transahariana, que se encuentra entre nosotros entre abril y septiembre, invernando en el Sahel africano.
Al igual que otras rapaces presentes en estos medios, son grandes aliados de los agricultores, contribuyendo a controlar las poblaciones de roedores y grandes insectos, como langostas, sus principales presas.
La principal amenaza para esta especie es la coincidencia de las tareas agrícolas de cosecha y siega con el periodo reproductor, destruyéndose numerosísimos nidos todos los años.
- Cernícalo primilla (Falco naumanni): el menor de nuestros halcones fue, hasta mediados del pasado siglo, un habitante frecuente de iglesias, ermitas, palomares, casonas, castillos y otras construcciones humanas situadas en regiones dedicadas a la agricultura y la ganadería extensivas, criando debajo de tejas, en mechinales y otros huecos.
El macho adulto tiene el dorso rojizo, sin manchas, cabeza, grandes coberteras del ala y cola de color gris azulado, plumas de vuelo, negras y, partes inferiores de color crema, ligeramente rosados, con un moteado oscuro muy tenue. Carece de bigotera, a diferencia del cernícalo vulgar. La hembra luce colores pardo amarillentos o pardo rojizos, profusamente barreados de negro, con un moteado más abundante que el del macho en las partes inferiores.
Es una rapaz migradora transahariana, que se encuentra entre nosotros entre marzo y septiembre, invernando en el Sahel africano.
Se alimenta fundamentalmente de invertbrados, especialmente de saltamontes, langostas y escarabajos, siendo, por tanto, otro gran aliado del agricultor.
Las transformaciones sufridas en estas zonas en las últimas décadas han mermado su hábitat y alimento disponible. Al igual que las transformaciones de hábitat en las zonas de invernada. Esto, unido a la reducción de construcciones donde criar, debido a reparaciones que eliminan todos los huecos disponibles y/ sustituciones de tejados, así como por desaparición de edificios de arquitectura tradicional vinculada a actividades agrícolas (casetas de era, palomares, pósitos, …), están provocando una importante reducción de sus poblaciones.
